Los grandes incendios forestales se han convertido en una «trágica normalidad» cada verano en España, según coinciden expertos citados en las últimas jornadas. La combinación del abandono del monte y el incremento de las temperaturas explican, en opinión técnica, la mayor frecuencia e intensidad de los denominados megaincendios.
Un problema estructural
El catedrático de Ingeniería Forestal Fernando Castedo identifica en el abandono del territorio la causa estructural principal detrás de la acumulación de combustible forestal. La pérdida de actividades tradicionales —aprovechamiento del monte, pastoreo y otras labores que mantenían despejada la masa vegetal— ha favorecido la continuidad y densidad de la vegetación, creando masas forestales que pueden actuar como auténticos depósitos de energía en condiciones extremas.
Este año, los incendios que afectan a provincias como Madrid, Ávila y Guadalajara han mostrado una velocidad de propagación inusitada. Según Castedo, una primavera especialmente lluviosa generó una gran cantidad de combustible fino —herbáceas que, al secarse, arden con rapidez—. La confluencia de ese material disponible y las olas de calor, más largas e intensas, «cocinan» el territorio y elevan el riesgo de incidentes de altísima virulencia.
«No hay gente que esté dispuesta a seguir con ellas», dijo sobre las actividades tradicionales; y la presidenta de la Comunidad de Madrid admitió que «el incendio está fuera de capacidad de extinción».
Capacidad de extinción y gestión pública
La carga del fenómeno ha puesto en evidencia la limitación de los equipos de extinción cuando las llamas se alimentan de combustible continuo y las condiciones meteorológicas favorecen su avance. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid reconoció que, en determinados focos, la situación supera la capacidad de intervención inmediata de los servicios.
Los expertos reclaman que la Administración asuma un papel más activo en la gestión del territorio. Entre las medidas propuestas, se barajan tanto incentivos económicos —subvenciones a actividades preventivas— como actuaciones directas financiadas por las administraciones para reducir la continuidad del combustible.
- Abandono del monte: pérdida de aprovechamientos tradicionales que mantenían el terreno despejado.
- Incremento del combustible fino: primaveras lluviosas que generan herbáceas que luego se secan y arden rápidamente.
- Olas de calor: episodios más intensos y prolongados que aumentan la peligrosidad del terreno.
Qué se debate
En el debate público y técnico subyace la discusión sobre el modelo de gestión del paisaje. Castedo advierte que no hace falta importar modelos foráneos, como las quemas prescritas australianas, para actuar: «no se trata de copiar, sino de aplicar cosas que ya sabemos y que, de hecho, están escritas y están consensuadas», afirma, en referencia al conocimiento disponible en España.
Las propuestas se centran en recuperar o sustituir las funciones que antes desempeñaban actividades rurales —mantenimiento del monte mediante pastoreo o aprovechamientos— con el fin de reducir la continuidad de la masa vegetal y, por tanto, el riesgo de que un conato se convierta en un incendio de gran extensión.
| Factor | Descripción |
|---|---|
| Abandono del monte | Acumulación y continuidad de vegetación por pérdida de usos tradicionales. |
| Combustible fino | Herbáceas producidas tras primaveras lluviosas que, al secarse, arden con rapidez. |
| Olas de calor | Fenómenos meteorológicos que elevan la peligrosidad y velocidad de propagación del fuego. |
La convergencia de factores ambientales y sociales sitúa a los incendios forestales en el centro de la agenda política. La respuesta requerirá tanto recursos para la extinción como políticas sostenidas de prevención y ordenación del territorio, señalan los especialistas consultados.
La magnitud y recurrencia de los fuegos plantean preguntas sobre prioridades presupuestarias y modelos de gestión rural que las administraciones tendrán que afrontar en los próximos meses si quieren reducir la incidencia de los megaincendios.